Murcia, enero del 2013
Queridos hermanos sacerdotes,
Ante la Campaña de Manos Unidas me pongo en contacto con vosotros para apoyar las diversas iniciativas que tiene esta Organización, que desde que nació mira hacia la dignidad del hombre. Las carencias de lo esencial son muy grandes en muchas partes del mundo, especialmente, la falta de alimentos, de agua, de cultura y de dignidad… precisamente por estas razones se deben salir al encuentro, con carácter de urgencia, de las necesidades de paz y de justicia de todos los hombres. En este año, el lema nos lo vuelve a recordar, “No hay justicia sin igualdad”. La mayor riqueza que tiene esta organización de la Iglesia son sus voluntarios de corazón grande, entre ellos, muchos jóvenes, a los que felicitamos, y el prestigio y el reconocimiento social.