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martes, octubre 15, 2013

EL MISIONERO MURCIANO, FRANCISCO LERMA OBISPO DE GURÚE-MOZAMBIQUE, NOS INVITA A PARTICIPAR EN EL DOMUND

MENSAJE PARA EL DOMUND 2013 DESDE MOZAMBIQUE

Queridos amigos: “ Anunciarán mi gloria a las naciones” (Isaias)
Con esta palabras del profeta Isaias con las que me identifico de por vida, quiero empezar mi mensaje en plena Campaña del DOMUND. Me han acompañado desde muy joven y han sido –y lo son todavía- lo que me marcan interiormente. La misión “ad gentes”, por toda la vida, entre los más marginalizados de la vida, y en contextos culturales diferentes a los de mi origen.
Mi vocación misionera? Como llegué un día a decidirme dejarlo todo para “anunciar el evangelio por toda la tierra?

Hace ya muchísimos años. Era muy joven, los años cincuenta. En la Escuela los maestros tenían unas huchas que llamaban la atención de los alumnos. Tenían la forma de un africano, un americano, un indio, un japonés… allí poníamos nuestras insignificantes monedas, ahorros de pequeños sacrificios por las “misiones”. Algo anecdótico podemos pensar ahora. Os lo cuento como símbolo de todo el ambiente misionero que se respiraba en las parroquias de España por aquellos tiempos. El mes misionero –octubre- había hasta cabalgatas misioneras que pasaban por todo el pueblo. Nos vestíamos de  misioneros, de Francisco Javier, por ejemplo. Se hacía concursos, rifas. Y en la parroquia se rezaba por las misiones y por las vocaciones misioneras.
En esos años, la diócesis de Cartagena (Murcia) tenía más de 50 misioneros diocesanos en Ecuador, Honduras, Bolivia, Zimbabwe y Japón y en otros países ya como miembros del IEME.
Ese ambiente misionero generalizado lo encontré cuando entre en el Seminario menor de Murcia, en 1957. Entre otras actividades, existía el Grupo Misionero del que formé parte desde los primeros años de seminarista. Así, sin quererlo, pues fue “algo” especial que fue entrando en mi vida, entre en contacto epistolar con un misionero de la Consolata hasta que se concretó mi entrada en el Instituto Misionero de la Consolata. En 1971 llegué a Mozambique, en plena guerra colonial. Pasé la revolución marxista-leninista. He hecho un poco de todo. Y aquí continuo haciendo lo que puedo y dando una mano en esta gran tarea del anuncio del Evangelio. Ahora, desde hace tres años también como obispo.
La importancia de la misión se encuentra en lo más profundo de nuestro ser cristianos. La Iglesia nace misionera, y el bautizado nace hijo de la Iglesia como misionero. Todos somos misioneros desde lo más íntimo de nuestro ser. Ningún discípulo lo es si no es misionero en su ambiente, en su trabajo y cualquier lugar, y, si llega el caso –si siente la vocación específicas también “saliendo y dejándolo todo para anunciar el Evangelio a todas las naciones.
No hay duda que la oración es lo nos mantiene en medio de tantas dificultades materiales y espirituales. La oración es el alma de toda acción apostólica. Por eso en la cooperación misionera ocupa el primer lugar la oración. No olvidemos que la Patrona de las Misiones es la joven Teresa de Lisieux fue misionera sin salir de su convento. El Papa nos la dio como patrona para que no olvidemos que por encima de las actividades, por encima de la acción está la oración.
Lo demás también es necesario. Quien va a negar la importancia de la cooperación económica. Desde la primeras comunidades cristianas, siempre ha existido la generosidad ante las necesidades del otro. En nuestro caso son inmensas. En Mozambique estamos en uno de los países más pobres del mundo. La mayoría de nuestro pueblo vive en estado de pobreza absoluta, con  una taxa de un Euro por dia.
Por eso los proyectos de desarrollo tienen una importancia radical. Las enfermedades ( la malaria, cólera, anemias, broncopulmonares, HVI-SIDA); la educación (la red escolar, la cualidad de la enseñanza, la formación de maestros…), las condiciones de vida (las habitaciones, el agua potable, la energía eléctrica…)las comunicaciones terrestres. Son tantos los desafíos que están a nuestra frente todos los días que nos desanimaríamos se no tuviésemos un poco de esperanza y la colaboración de tantas personas que de cerca y de lejos saben y comparten de hecho. La aportación económica, por pequeña que sea, es imprescindible para los que no tienen nada. Seamos generosos en el compartir
Por eso mi mensaje con motivo del DOMUND 2013 va dirigido a todos los que os sentís discípulos de aquel Jesús, que pasó por el mundo haciendo el bien, curando y anunciando que el Reino de la fraternidad está cerca y que todos debemos construirlo.
Todos somos llamados a echar una mano, los que estamos por aquí, los de la línea de frente y los que estáis en la retaguarda. El mundo es de todos y todos debemos ser evangelizadores.
Vuestro
+ Francisco Lerma Martínez
  Obispo de Gurúè (Mozambique)


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